Clases sueltas, packs y planes en un estudio de yoga
Un estudio de yoga rara vez vende una sola cosa. Casi siempre conviven tres modalidades: la clase suelta de quien viene de paso, el pack de 8 o 10 clases que se usa cuando se puede, y el plan mensual de quien viene fijo dos veces por semana.
Las tres tienen sentido, y el problema nunca es tenerlas. El problema es que suelen definirse en momentos distintos, sin mirarse entre sí, y terminan compitiendo: el pack sale tan conveniente que nadie toma el plan, o la clase suelta está tan cara que quien duda no prueba.
Vale la pena definir las tres juntas, de una sentada, con la calculadora.
La regla del precio relativo
Las tres modalidades tienen que ordenarse por precio por clase, de mayor a menor, y la diferencia tiene que ser visible:
- Clase suelta: la más cara por clase. Paga la flexibilidad total.
- Pack: intermedia. Paga el compromiso de comprar varias por adelantado.
- Plan mensual: la más barata por clase. Paga la previsibilidad, que es lo que el estudio más necesita.
Si el pack de 10 sale casi lo mismo por clase que el plan mensual, el plan desaparece: nadie se compromete a un mes cuando puede tener lo mismo sin compromiso. Y el estudio pierde justo lo que hace sostenible el negocio, que es saber cuánto va a facturar el mes que viene.
Un ejemplo con números redondos: si la clase suelta está en 10, el pack de 10 clases debería estar cerca de 80 (8 por clase) y el plan de dos veces por semana —unas 8 clases al mes— cerca de 56 (7 por clase). La escalera se nota y cada modalidad tiene su público.
El vencimiento del pack no es un detalle
Un pack sin vencimiento parece amable y termina siendo un problema contable: son clases pagadas hace un año, a un precio que ya no existe, que aparecen todas juntas cuando alguien decide volver.
Dos o tres meses para un pack de 10 es un plazo razonable: alcanza para quien viene una vez por semana y no alcanza para quien compró y desapareció. Lo importante es que el plazo esté escrito y visible en el momento de la compra, no después.
Y conviene decidir el borde antes de que aparezca: qué pasa con las clases que quedaron sin usar. “Se pierden” y “se extienden una vez, por única vez” son las dos respuestas honestas. La que no funciona es decidirlo caso por caso, porque entonces el plazo lo define quién insiste.
Cuando alguien tiene plan y pack a la vez
Pasa más de lo que parece: quien tiene plan de dos veces por semana compra además un pack para las semanas en que quiere venir más.
La pregunta a responder es de qué bolsillo sale cada reserva. La respuesta que menos discusiones genera: primero se consume el plan, después el pack. El plan ya está pagado y vence igual; el pack sobrevive al mes. Al revés, la persona termina gastando packs mientras su plan se vence sin usar, y esa es una conversación desagradable garantizada.
La clase suelta no es solo un precio: es la puerta de entrada
Quien viene por primera vez casi nunca compra un plan. Prueba una clase, y de esa clase depende todo lo demás.
Dos cosas que conviene mirar de esa primera reserva:
Que se pueda hacer sin escribirle a nadie. Quien está probando estudios no quiere abrir una conversación por WhatsApp a las 22:00 para preguntar si hay lugar el sábado. Si el horario y el cupo se ven, reserva. Si no, prueba en otro lado.
Que quede el dato. Una clase suelta que se cobra en efectivo y no queda registrada en ningún lado es una persona que pasó por el estudio y de la que no queda ni el nombre. En seis meses, esa lista es el activo más valioso que tiene un estudio chico.
Los pases libres, con cuidado
El pase sin límite de clases funciona en estudios con mucha oferta semanal y horarios que sobran. En un estudio con clases que se llenan, hay que mirar dos cosas antes de ofrecerlo.
La primera es obvia: quien tiene pase libre ocupa lugares que otros pagarían por clase. La segunda es menos obvia: al pase libre no le sirven las clases de recupero, porque no perdió nada al cancelar. Darle créditos a quien ya puede venir todos los días genera un saldo que no significa nada, y la sensación de que el estudio le debe algo.
Cómo lo resuelve kumaly
En kumaly conviven las tres modalidades: planes por frecuencia semanal, packs de clases con su propio vencimiento y clases sueltas. Cada quien ve desde el celular qué tiene disponible y reserva sin escribir a nadie; el cobro puede ser con Mercado Pago directo a la cuenta del estudio o por transferencia registrada.
Quien reserva por primera vez queda registrado con su clase, así que la lista de gente que pasó por el estudio se arma sola.
El detalle por rubro está en reservas para yoga. Y si estás armando las reglas del estudio desde cero, la guía de las seis decisiones de reservas sirve igual para yoga: cambia el vocabulario, no las decisiones.